Pocas veces uno encuentra tramas tan
bien urdidas, que dan tanta razón al nombre de un libro y amplían los espacios
de sugestión como estos relatos. En pocas oportunidades, se yerguen en tan
agradables y mágicos círculos concéntricos.
La prosa de Margarita Heinzen posee
la cualidad de algunos grandes cuentistas que sin altisonancias, con un tono
pausado y atento a los detalles, como Anton Chejov o Raymond Carver, por
mencionar dos casos paradigmáticos, hacen maravillas con pocos elementos. Con
una papa, un boniato y un poco de zapallo, elaboran un exquisito puchero. Dotar
de magia a un relato con dos o tres pinceladas, nunca sobrenaturales ni con
retorcidas vueltas de tuerca no parece pues, un mérito menor de la autora.
Se basan muchas veces en la infancia, desde una visión infantil, con sus carencias y respeto de los fenómenos inexplicables para esa edad (como el protagonista de "En sombras", que intuye la práctica sexual entre sus progenitores pero no puede confirmarlo ni concebirlo del todo y solo se limita a intentar cortar la situación, entorpecerla, frustrarla, como haría cualquier niño celoso). A veces hay una crítica indirecta, como el niño y su perro que asisten al talado clandestino de árboles, justo el fin de semana en que no trabajan los inspectores de la Intendencia. O en "La magia de las siestas", en que una irrupción de una nube de mariposas recuerda las panapanas de Brasil, o el episodio fantástico de Mauricio Babilonia, de "Cien años de soledad". La intertextualidad nunca aparece explícitamente ni hay citas de ningún tipo en la narrativa de Heinzen; sin embargo, resuenan tópicos literarios manejados con destreza y arquetipos que comprometen a lo más atávico de los relatos.Casas antiguas, tías recordadas con cariño como en "Pebeta de mi barrio" y desenlaces felices e infelices, nunca sistemáticamente negativos o positivos, como en la vida misma, se suceden otorgando variedad y credibilidad al conjunto.
Aunque se trata de cuentos en el más estricto sentido de la definición, con claras peripecias, desarrollos y finales, las historias incluyen muchas veces hechos y actos cuajados de sugerencias, verdaderamente poéticos. Y alguna sutileza filosófica alude a lo que encierra el título, desarrollando la idea del diseño y el dibujo general de las palabras, que consisten nada menos que en los vínculos que normalmente unen vida y destino. Así: "Nudo a nudo, lazada a lazada, parecía que un hilandero le iba tejiendo la vida", se dice de un personaje. Esta afirmación se proyecta con extrañas resonancias, si tenemos en cuenta que no es el único cuento donde el protagonista parece sometido a fuerzas ajenas, que lo transforman en un juguete en manos de una voluntad superior, o en el centro de imputación de un plan que alguien o algo trazó y nunca se tuvo en cuenta la libertad de elección del individuo. También aparece en más de un relato el hombre que no se anima a modificar un matrimonio desgraciado, o que abandona la mujer que lo hace feliz, por rutina o por cobardía. Se asegura de este modo una invencible desdicha. Heriberto Fontana, por ejemplo, sabía "Llenarse de cosas para prolongar la calma chicha". No sólo de antihéroes en su noción más contemporánea se trata; también de seres irresolutos que ya no alcanzan ni un chispazo de dignidad o recuperación de su autoestima. En el acertado merodeo de estos temperamentos frágiles y su plasmación literaria, reside buena parte de la eficacia y la verosimilitud del libro. No sobran ni faltan palabras. Lo ajustado del vocabulario y la adjetivación, lo económico de su utilización sin llegar a la aspereza o la rusticidad, demuestran un apreciable dominio del lenguaje, que se adapta a cada historia y sus necesidades intrínsecas. En "La boda de mi amigo" parece operar una de las más funestas leyes de Murphy, aquella que postula que si algo empieza mal, luego va empeorando en progresión geométrica. Un chaparrón con temporal que arruina una fiesta de boda al aire libre, se vuelve una concatenación de contratiempos y respuestas inadecuadas que apoyan a su vez un logrado cuadro de costumbres. El indolente narrador protagonista, devoto admirador de la novia pero incapaz de evitar su casamiento con un novio paralizado por la adversidad, conjugan sentimientos escondidos muy ricos. La incomodidad continua y la sensación de que no se puede redimir la fiesta malograda, metonimizan otros fracasos de la vida. En cuanto a "La extraña desaparición de la señora Valeria" representa una de las muestras más interesantes. No solo posee algo de trama policial (otra vez la trama...) sino que la multiplicidad de las versiones no coincidentes y complementarias sobre los mismos hechos, recuerdan el mecanismo utilizado en "Rashomon", llevado magistralmente al cine por Akira Kurosawa, o "Causa de buena muerte", el cuento de Mario Delgado Aparain donde conviven testimonios contradictorios e inconciliables.
Se basan muchas veces en la infancia, desde una visión infantil, con sus carencias y respeto de los fenómenos inexplicables para esa edad (como el protagonista de "En sombras", que intuye la práctica sexual entre sus progenitores pero no puede confirmarlo ni concebirlo del todo y solo se limita a intentar cortar la situación, entorpecerla, frustrarla, como haría cualquier niño celoso). A veces hay una crítica indirecta, como el niño y su perro que asisten al talado clandestino de árboles, justo el fin de semana en que no trabajan los inspectores de la Intendencia. O en "La magia de las siestas", en que una irrupción de una nube de mariposas recuerda las panapanas de Brasil, o el episodio fantástico de Mauricio Babilonia, de "Cien años de soledad". La intertextualidad nunca aparece explícitamente ni hay citas de ningún tipo en la narrativa de Heinzen; sin embargo, resuenan tópicos literarios manejados con destreza y arquetipos que comprometen a lo más atávico de los relatos.Casas antiguas, tías recordadas con cariño como en "Pebeta de mi barrio" y desenlaces felices e infelices, nunca sistemáticamente negativos o positivos, como en la vida misma, se suceden otorgando variedad y credibilidad al conjunto.
Aunque se trata de cuentos en el más estricto sentido de la definición, con claras peripecias, desarrollos y finales, las historias incluyen muchas veces hechos y actos cuajados de sugerencias, verdaderamente poéticos. Y alguna sutileza filosófica alude a lo que encierra el título, desarrollando la idea del diseño y el dibujo general de las palabras, que consisten nada menos que en los vínculos que normalmente unen vida y destino. Así: "Nudo a nudo, lazada a lazada, parecía que un hilandero le iba tejiendo la vida", se dice de un personaje. Esta afirmación se proyecta con extrañas resonancias, si tenemos en cuenta que no es el único cuento donde el protagonista parece sometido a fuerzas ajenas, que lo transforman en un juguete en manos de una voluntad superior, o en el centro de imputación de un plan que alguien o algo trazó y nunca se tuvo en cuenta la libertad de elección del individuo. También aparece en más de un relato el hombre que no se anima a modificar un matrimonio desgraciado, o que abandona la mujer que lo hace feliz, por rutina o por cobardía. Se asegura de este modo una invencible desdicha. Heriberto Fontana, por ejemplo, sabía "Llenarse de cosas para prolongar la calma chicha". No sólo de antihéroes en su noción más contemporánea se trata; también de seres irresolutos que ya no alcanzan ni un chispazo de dignidad o recuperación de su autoestima. En el acertado merodeo de estos temperamentos frágiles y su plasmación literaria, reside buena parte de la eficacia y la verosimilitud del libro. No sobran ni faltan palabras. Lo ajustado del vocabulario y la adjetivación, lo económico de su utilización sin llegar a la aspereza o la rusticidad, demuestran un apreciable dominio del lenguaje, que se adapta a cada historia y sus necesidades intrínsecas. En "La boda de mi amigo" parece operar una de las más funestas leyes de Murphy, aquella que postula que si algo empieza mal, luego va empeorando en progresión geométrica. Un chaparrón con temporal que arruina una fiesta de boda al aire libre, se vuelve una concatenación de contratiempos y respuestas inadecuadas que apoyan a su vez un logrado cuadro de costumbres. El indolente narrador protagonista, devoto admirador de la novia pero incapaz de evitar su casamiento con un novio paralizado por la adversidad, conjugan sentimientos escondidos muy ricos. La incomodidad continua y la sensación de que no se puede redimir la fiesta malograda, metonimizan otros fracasos de la vida. En cuanto a "La extraña desaparición de la señora Valeria" representa una de las muestras más interesantes. No solo posee algo de trama policial (otra vez la trama...) sino que la multiplicidad de las versiones no coincidentes y complementarias sobre los mismos hechos, recuerdan el mecanismo utilizado en "Rashomon", llevado magistralmente al cine por Akira Kurosawa, o "Causa de buena muerte", el cuento de Mario Delgado Aparain donde conviven testimonios contradictorios e inconciliables.
Como se ve, la pluralidad de recursos
narrativos y la seguridad en su utilización, multiplican argumentos en favor de
una selección de cuentos que consolida el camino ya emprendido exitosamente en
"De las mujeres soles". Otra vez aparecen las mujeres y las niñas
protagonizando historias, temiendo a padres abusivos o sufriendo el mundo de
los adultos, pero sin un feminismo marcado o que anteponga lo ideológico a lo
artístico. Pocos localismos, apenas referencias a Ombúes de Lavalle, Santa
Lucía, Palo Solo o la zona valdense de nuestro país, y un humor simpático, como
el de "La cocina de la abuela", aparecen esporádicamente pero
funcionan a la perfección. Heinzen sabe lo que hace, y deja que los hechos
hablen por sí mismos. Nunca comenta la acción y recorre con pormenorizada
delectación, zonas de la realidad inusitadas o poco transitadas. Sin fantasear,
deja encantadas numerosas zonas de la experiencia humana, para beneplácito de
lectores y gustadores de las buenas narraciones breves.
Con este nuevo paso, amplía su horizonte escritural y confirma varias cualidades que ya la habían elevado en grado sumo en su entrega anterior. Estamos ante una voz mayor de nuestra literatura, ahora ya no caben dudas.Y una mirada sensible e inteligente vuelve a posarse sobre las cosas y las existencias humanas. Sobre presencias muy cercanas, dubitativas, creíbles y queribles.
Hechas de nervio, carne y hueso.
Con este nuevo paso, amplía su horizonte escritural y confirma varias cualidades que ya la habían elevado en grado sumo en su entrega anterior. Estamos ante una voz mayor de nuestra literatura, ahora ya no caben dudas.Y una mirada sensible e inteligente vuelve a posarse sobre las cosas y las existencias humanas. Sobre presencias muy cercanas, dubitativas, creíbles y queribles.
Hechas de nervio, carne y hueso.
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