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lunes, 19 de enero de 2015

Un comentario de un lector

Hermoso libro. 
Querida Margarita : me encanto leer tu libro . Me vi reflejado en esas tantas historias tuyas tan bellamente narradas . Ademas .... No hay que buscar una sola de tus palabras escritas en el diccionario !!!!! ... No
es un dato menor . Tu literatura es muy amplia y abarcativa y apunta al corazon mas avido y al cerebro mas inquieto . Gracias !!!! Un hermoso libro que lleva al calido elogio . Carlos Thomas.

miércoles, 14 de enero de 2015

Querida amiga y “colega” (aficionados los dos, ¿no?). Carta de Quique luego de leer el libro.

  Cuando comencé la lectura de tu libro (gracias por la dedicatoria) retrocedí 70 años en mi vida. No sé si tú sabes que tuve dos hermanos, del primer matrimonio de mi padre. Un varón, el Coco, que se fue a Montevideo, se hizo dentista y nunca más volvió a Salto. La otra Titina,  muchos años mayor que yo, era una mujer, inteligente, inquieta, pero con algunas rayas. Fue víctima de ciertas inconvenientes modas de entonces. Fue solo a la escuela-y pobre- cuando el luto de su madre, la mandaban de túnica negra- pero siempre tuvo acción, aspiraciones. Entre la pintura y la cocina, un día se le ocurrió hacerse tejedora, pero de esas de telar. Mi padre, que aflojaba ante sus berrinches, le mandó a hacer un telar de madera, enorme, los parantes tenían como dos metros de alto. Y ví colocar la urdimbre y empezar la alfombra, que iba a hacer para su apronte. Y llegar los ovillos de lanas multicolores y ser el encargado de ir cortando los trocitos. Fueron muchos días y horas. Te aseguro que se escribe más rápido que tejer con urdimbre y trama.  Lo cierto es que debo haber entendido el título y la explicación mejor que muchos otros lectores, de tu muy buen libro. ¡Ah! La alfombra nunca se terminó…

  Aprovecho la mañana tristona para comentarte otras cosillas. Veo existe una relación tuya con abuelas. Debes haber vivido esas experiencias, porque si no, es imposible narrarlas con tanta ternura. Yo no tuve abuelos, pero sí dos abuelas. La paterna era una italiana vestida absolutamente de cuello a pies, de negro. Siempre dije que solamente le conocí la cara y las manos. Estaba veterana y hablaba muy poco. Tenía a la tía Eugenia para cuidarla y hacerle todo. Situación vivida en los tiempos pasados con alguna de las mujeres de las numerosas familias. La independencia femenina generó las casas de viejos y ahora el Sistema de Cuidados. Lo que son las cosas. En cambio mi abuela materna se quedó viuda a los 36 años ya con ocho hijos y medio, pobre  e inculta. No salió de su casa hasta los 90, muy pocas veces, pero regenteó a todos sus hijos y cocinaba como los dioses (¡qué empanadas de carne, caseras). Siempre usaba rodete. Tuve una enorme sorpresa cuando un día llegué y se había lavado recién la cabeza. Mirá que curioso, tenía un pelo largo hasta la cintura, pero lo que no dejaba el rodete al aire libre, canoso, era renegrido.  Mi relación los limones es muy precaria. En el fondo de casa mi padre cuidaba uno y yo estaba encargado de tener siempre alguno para uso doméstico. No me gustaron ni me gustan. Cada uno con sus cosas…

  Lo del jazmín azul y Lola me resultó muy tierno, a pesar de mis distantes relaciones con los perros. No lo divulgues, pero les tengo miedo. Me banco que Verónica, Juan Pablo y todos sus descendientes tengan perros, pero….Para mejor el vecino del apartamento de arriba es veterinario, tenía una perra-Lola-muy tranquila, pero ahora, además de haber gestado mellizos llorones, trajo otro perro…Es raro, pero gustarme de vista me gustan, lo que me molesta es el minúsculo ejemplar gritón que tiene mi otro vecino.

Margarita, tu libro es bueno, sin embargo hay mucha muerte, aunque alguna sea medio en sorna. Blas, Lola(por lo menos la suposición) Marisa, Heriberto, la señora desaparecida, el conductor del ómnibus. Parece no doler demasiado, pero está ahí.  Perdona mi osadía, pero en el próximo libro dale protagonismo a la vida.

Otro elemento constante es la siesta. Mis siestas, fueron solitarias, porque lo del silencio era también de rigor y no podía traer amigos-y como ya vez no había hermanos chicos para jugar- por lo cual inventé un sistema(legal y honesto) para jugar a las damas, el ajedrez y otros juegos, siendo a la vez, yo y el “otro”.
No son  comentarios literarios, ya el prologuista lo dijo muy bien. Son apuntes al margen, como una conversación cuasi nostálgica. Entre buenos, el de la señora Valeria, ma pareció un excelente ejercicio de las formas de pensar y hablar de cada protagonista frente al mismo hecho, al modo de Rashomon. El qwue me gustó más.

Ya veo que el chiquilín hace carátulas, buena cosa.
Me gustaría me contaras algo de tu experiencia salamanquina. Cuando tengas tiempo y ganas.
Saludos a Jorge
Un Beso


QUIQUE.